Una amenaza es un fenómeno o proceso (natural o causado por el ser humano) que puede poner en peligro a un grupo de personas, sus viviendas o su ambiente. No siempre podemos evitar que ocurran accidentes o eliminar por completo las amenazas, pero podemos hacer que sean menos dañinos si entendemos de mejor manera por qué suceden y qué podemos hacer para prevenirlos o mitigarlos.

Un incendio es un ejemplo de amenaza, ya que el fuego puede salirse fácilmente de control y esparcirse. Hay dos tipos de medidas fundamentales contra incendios: medidas pasivas y medidas activas. En las medidas pasivas entran cosas como la adecuación de las rutas de evacuación o incluso el uso de ciertos materiales y diseños en edificios para retardar o detener lo más posible la expansión del fuego. En las medidas activas se consideran:

  • La detección, para identificar de manera oportuna humo, llamas o calor.
  • La alerta y señalización, para dar aviso de manera eficaz sobre la presencia del riesgo.
  • La extinción, para apagar el fuego.

En esta ocasión, hablaremos sobre las medidas de extinción, en especial si es o no adecuado utilizar agua para apagar el fuego. Las química y la ciencia ¡también contribuyen a nuestra seguridad!

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¿Sabías que casi una tercera parte de los incendios en México suceden en casa?

¡Advertencia! No intentes hacer este experimento en casa

¿Qué sucede?

Siguiendo las reglas básicas del triángulo del fuego, para que una reacción se lleve a cabo son necesarios tres ingredientes: oxígeno, combustible y calor. En el caso del aceite en nuestra pequeña cacerola,  cuando se añade agua suceden dos cosas:

  • En primer lugar el agua es más densa que el aceite (el aceite “flota” en el agua), así que el agua se hunde hasta el fondo del recipiente. Una vez en el fondo, se calienta y se evapora rápidamente.
  • En segundo lugar, el aceite de cocina llega a calentarse alrededor de 185°C. Cuando el agua entra en contacto con el aceite caliente, se vaporiza al instante y, al cambiar de líquida a un gas, su volumen (el espacio que ocupa) aumenta casi mil veces. El agua se expande violentamente y “jala” con ella la capa de aceite caliente al aire en forma de gotas diminutas. Esas pequeñas gotas de aceite están ahora en contacto con el oxígeno necesario para la combustión y se generan flamas rápidamente.

El agua es ineficaz para apagar incendios ocasionados por líquidos inflamables, pues en la mayoría de estos casos el agua se evapora sirviendo como medio para que el líquido inflamable se desprenda en forma de partículas pequeñas y el incendio se expanda. El agua solo es funcional cuando se trata de apagar fuegos ocasionados por materiales sólidos que forman brasas, como el carbón, leña, madera, tejidos, gomas y ciertos plásticos.

Los líquidos como el petróleo, la gasolina, la pintura, el alcohol o sólidos que se “derriten” como la parafina, el asfalto, algunas ceras y plásticos, pueden apagarse con sustancias como: AFFF, anídrico carbónico, polvo ABC y HCFC 123. Sin embargo, las grasas y aceites de cocina conforman una categoría específica pues se comportan de manera distinta y no se pueden usar los extintores como el CO2 o el polvo ABC, generalmente se usan sustancias llamadas “wet wash”.

Quizá en casa no hay el equipo especial para apagar un incendio de grasas, pero puede sofocarse cortando la fuente de oxígeno. La manera más sencilla de sofocar un incendio de grasa o aceite es cubrirlo con una tapa. Con la tapa puesta (y sin calor), el incendio consumirá todo el oxígeno y se apagará por sí mismo. Es importante no usar tapas de vidrio, pues pueden romperse por el calor extremo de la llama.

Si el incendio persiste puede usarse bicarbonato de sodio. El bicarbonato corta el suministro de oxígeno y apaga incendios pequeños, pero no es tan efectivo en incendios más grandes. Hace falta una gran cantidad de bicarbonato para hacer el trabajo.

¡Recuerda que lo mejor es prevenir y dar aviso a la autoridad correspondiente en caso de que exista una amenaza a tu alrededor!